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LA FUERZA DEL AGRO PARA ENFRENTAR LA CRISIS
Por ComexPerú / Publicado en Junio 12, 2020 / Semanario 1029 - Actualidad

El sector agropecuario en el Perú es un evidente motor de la producción nacional, que hace uso intensivo de mano de obra y sostiene la economía familiar de millones de peruanos. Además, el despegue de la agricultura industrial del país ha estado a la par con otras industrias extractivas en cuanto a generación de riqueza y posicionamiento de nuestro país en los mercados internacionales.
En épocas de auge o de crisis, el sector agropecuario es uno de los que levanta cabeza por el país. La agricultura ha sido de los pocos sectores que han logrado mantener tasas positivas de crecimiento en su producción durante el primer trimestre (+2.9%) y de sus exportaciones entre enero y abril (+3.4%, en el caso de la agricultura no tradicional) en 2020, según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática y la Sunat, respectivamente. Sin embargo, la fortaleza del agro peruano y sus resultados tangibles no se deben solo a factores externos.
El arduo trabajo público-privado por contribuir a la generación de mejores condiciones para el desarrollo del sector, las inversiones en infraestructura productiva y logística, la promoción de la gastronomía y la cultura peruanas en el mundo, junto con una clara política estatal de fomento del comercio exterior, han sido claves para que el sector agropecuario crezca sostenidamente. Además, todos estos esfuerzos no podrían haber logrado sus máximos beneficios sin una política laboral que los potencie, al adecuarse a la realidad del sector, promover la inversión privada y fomentar la formalización laboral. Es así como el Régimen de Promoción Agraria (Ley 27360) cumple un rol fundamental en el reforzamiento de las bases de la agricultura moderna en el país.
Con la entrada en vigor de este régimen, las exportaciones agropecuarias pasaron de US$ 620 millones en 2000 a US$ 7,095 millones en 2019, con un crecimiento promedio anual del 15%, según cifras de la Sunat. Además, este aumento en la oferta vino de la mano con una generación de más de 800,000 empleos formales. De 2000 a 2019, el cambio porcentual en la tasa de formalidad en el empleo agropecuario fue de 9.4 puntos porcentuales (pp), aproximadamente dos más que el promedio nacional. Entre otros factores, estos resultados contribuyeron a que la tasa de pobreza en la actividad agrícola pase de un 82.6% en 2000 a un 34% en 2019, lo que supera la tasa de reducción de la pobreza nacional, según cifras de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) 2019.
DEFENDAMOS EL PILAR DEL AGRO PERUANO
No cabe dudas que el sector agropecuario en el país tomó el camino correcto a partir de la puesta en marcha de políticas de fomento, modernización y productividad acordes con su realidad, y en sinergia con un rumbo claro hacia la generación de valor agregado de calidad internacional. Este camino fue la clave para que la agricultura no tradicional, aquella que involucra mayor productividad y valor agregado, cobre más relevancia como generador de empleo e inversión privada.
De esta manera, el régimen laboral agrario, sumado a otras políticas de apertura comercial y tecnificación e innovación agraria, le permitió al sector crecer exponencialmente entre los años 2000 (cuando se promulgó) y 2019. Las exportaciones agrícolas tradicionales lograron un crecimiento acumulado del 210% (de US$ 248 millones en 2000 a US$ 767 millones en 2019), mientras que las no tradicionales crecieron en 1,504%, al pasar de US$ 395 millones a US$ 6,329 millones, ¡más de 16 veces su valor inicial!
Productos como las uvas, que se exportaban tan solo a diez países en el año 2000, por un valor total de solo US$ 6 millones, hoy llegan a más de sesenta países alrededor del mundo y se exportan por cerca de US$ 875 millones anuales. De similar forma, las paltas y los espárragos pasaron de US$ 3 millones y US$ 54 millones en envíos, respectivamente, a US$ 755 millones y US$ 402 millones. El café peruano no se quedó atrás y triplicó sus envíos al mundo, al pasar de US$ 224 millones a US$ 634 millones. A estos se suman muchos otros casos de éxito, como el mango, la quinua, los bananos y el cacao, solo por nombrar algunos.
Sin embargo, ignorando la evidencia expuesta, desde diversos frentes han aparecido, y siguen surgiendo, iniciativas que buscan modificar las condiciones del régimen, muchas veces desvirtuando las sinergias que este ha traído para la actividad privada y poniendo en riesgo las mejoras en las condiciones de trabajo de los agricultores. Por ejemplo, recientemente se presentó el proyecto de Ley 5314/2020-CR en el Congreso de la República, el cual propone la modificación del artículo 7, referido a la remuneración diaria y los beneficios laborales. Si bien este artículo ya ha sido modificado junto con la última ampliación de la vigencia del régimen el año pasado, la propuesta solo evidenciaría el desconocimiento, por un sector de los hacedores de políticas, de los beneficios que han traído el régimen y sus mecanismos de transmisión.
Desde ComexPerú, consideramos que el Régimen de Promoción Agraria ha sido un factor fundamental que ha contribuido a que la agroindustria crezca a la par de los beneficios para sus trabajadores. Además, ha generado condiciones domésticas favorables para que el sector prospere en un contexto de alta competencia internacional. Sin embargo, las diferencias de opiniones de sectores opositores parecen generadas por la desinformación y la falta de evidencia científica rigurosa que determine el impacto causal de esta política. Por tanto, es importante analizar su costo-beneficio y poner en marcha, en cambio, proyectos para la mejora en la productividad y la competitividad agrícola, así como su formalización e innovación, de manera que los beneficios del régimen se maximicen y perduren en el tiempo.
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