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Minería y agro: Apurimac y Cajamarca, realidades opuestas
Por ComexPerú / Publicado en Enero 09, 2017 / Semanario 874 - Hechos de Importancia
Mientras el departamento de Apurímac se posicionó como
el de mayor crecimiento a nivel nacional por segundo trimestre consecutivo,
Cajamarca se hunde en la más profunda recesión, ya que mantiene resultados
económicos negativos. Ambos desempeños se sustentan en un mismo factor: la
minería.
De acuerdo con el Instituto Peruano de Economía (IPE),
hacia el tercer trimestre de 2016, Apurímac —que hace solo algunos años era
considerado el departamento más pobre del Perú— lideró el crecimiento a nivel
regional, con una tasa del 223%[1].
Esto gracias a la puesta en marcha y al inicio de extracción de cobre del
proyecto minero Las Bambas, que generó no solo empleos directos, sino también
un encadenamiento productivo con mayor empleo indirecto en sectores como
transporte, almacenes, comunicaciones y servicios en general. Cabe destacar
que, gracias a este proyecto, el PBI de Apurímac de 2016 se incrementaría más
del doble en relación con sus niveles de 2015.
Es importante recordar que Apurímac fue en 2015 el
segundo departamento con mayor inversión minera a nivel nacional, con cerca de
US$ 1,600 millones, solo por debajo de Arequipa (US$ 1,800 millones). Incluso,
se mantuvo entre los tres destinos más atractivos para esta actividad desde
2011, año en que la minería en dicho departamento despegó al incrementar la
cartera de inversión en 7,121% (entre 2010 y 2011 pasó de US$ 11.6 millones a
US$ 837.6 millones), y que a la fecha ha permitido integrar al empleo formal minero
a más de 10,000 trabajadores, según información del Ministerio de Energía y
Minas.
En paralelo, la actividad agrícola en Apurímac se ha
mantenido boyante, pese a lo que muchos detractores de la inversión minera
pretenden asegurar. Según el Ministerio de Agricultura y Riego, hacia 2015, el
valor de la producción agrícola en este departamento se incrementó más de un
40% respecto a su valor en 2010. Incluso, de los 30 principales cultivos de
Apurímac, el 87% incrementó su producción durante el mismo periodo; con casos
sumamente positivos como los de la quinua y la kiwicha, con crecimientos por
encima del 300%; o el de la papa, el principal cultivo de la región, cuya
producción se incrementó un 47%.
Más aún, la pobreza se ha visto reducida sostenidamente
entre 2010 y 2015, al pasar del 56.1% al 31.3%, según cifras de la Encuesta
Nacional de Hogares (Enaho) 2015, con lo que ha logrado, además, dejar los
últimos lugares del ranking.
Mientras
Cajamarca le dice “no va”
Un panorama totalmente contrario se vive en Cajamarca,
donde el radicalismo antiminero se apodera de la situación y mantiene en vilo a
dicho departamento. De acuerdo con el IPE, la actividad económica en Cajamarca
se contrajo un 5.6% en el tercer trimestre de 2016 (después de la contracción
de 3.3% en el segundo trimestre) producto de la caída en el valor bruto de la
minería (-20.8%) y de la agricultura (-3.8%), y del aumento sostenido en el
nivel de desempleo.
Esta situación es justamente la que ha generado que la
tasa de pobreza permanezca casi constante entre 2010 y 2015, al pasar del
48.41% al 44.95%, y que mantiene a Cajamarca como el departamento más pobre del
Perú. Todo esto a pesar del enorme potencial minero que posee, pero que
desaprovecha debido a posiciones “ambientalistas” que muchas veces no tienen
fundamento, como bien lo demuestra Apurímac.
Esto nos permite observar una vez más cómo la postura
que la sociedad adopta frente a la minería en nuestro país es clave para el
desarrollo. Cajamarca y Apurímac son dos departamentos con iguales
oportunidades, pero con realidades distintas. Mientras una ha decidido apostar
por la minería responsable como catalizadora del crecimiento, en una
coexistencia pacífica con las actividades agrícolas, la otra se sume en el
estancamiento económico a consecuencia de una ceguera masiva y que tiene como
culpable al radicalismo antiminero.
Así, mientras Cajamarca sufre por el estancamiento
económico; Apurímac crece y seguirá creciendo de la mano con Las Bambas, su
impacto en industrias conexas, y sin perjudicar el desarrollo de su sector
agrícola. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
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