Gobierno, Institucionalidad

Mesas ejecutivas como mecanismo de colaboración público-privado

06/03/2026 | Por: ComexPerú / Semanario 1294 / Legal y Regulatorio
Mesas ejecutivas como mecanismo de colaboración público-privado

Identificar los obstáculos que frenan a distintos sectores de la economía requiere diálogo entre los sectores público y privado. Las mesas ejecutivas nacieron para cumplir ese rol. Se requiere dotarlas de más capacidades para fortalecerlas y garantizar su continuidad. 

Este mecanismo, creado en 2015, fue inicialmente adscrito al Ministerio de la Producción y actualmente se encuentra a cargo del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Nacieron con el objetivo de establecer un espacio de coordinación efectiva entre el sector público y el privado que permita identificar los principales cuellos de botella que afectan a distintas industrias y, a partir de ese diagnóstico, formular e implementar soluciones concretas que impulsen su desarrollo y competitividad. 

A lo largo de estos once años de funcionamiento, se han conformado alrededor de quince mesas ejecutivas orientadas a sectores estratégicos como minería, pesca, innovación y desarrollo agroindustrial, entre otros. Cada una de ellas ha buscado atender problemáticas específicas, priorizando intervenciones normativas, administrativas o de gestión que permitan destrabar inversiones y mejorar el desempeño sectorial. 

En ese sentido, las mesas ejecutivas no constituyen únicamente grupos de trabajo formales, sino espacios institucionalizados de diálogo público-privado. A través de un mecanismo bilateral, permiten que los actores privados expongan las dificultades regulatorias, operativas o institucionales que enfrenta su sector, mientras que las entidades públicas evalúan y ejecutan los ajustes necesarios para remover dichas barreras y optimizar sus procedimientos. La lógica que las sustenta es la colaboración orientada a resultados, con compromisos y seguimiento de acuerdos. 

No obstante, en los últimos años se ha advertido un debilitamiento del mecanismo, evidenciado en la falta de continuidad de sus labores e incluso en intentos de desarticulación. Uno de los principales factores que explica esta situación es que su funcionamiento depende en gran medida de la voluntad y liderazgo de la autoridad política a cargo del ministerio rector, lo que la expone a los cambios frecuentes en la conducción institucional. 

La problemática se suma a la señalada en el Semanario 1293, en la medida que la inestabilidad institucional impide consolidar las acciones propuestas por el sector privado y validadas en las mesas. Como consecuencia, muchas de las soluciones identificadas no llegan a implementarse plenamente, lo que perpetúa los cuellos de botella y debilita la confianza en este mecanismo de articulación. 

Esta situación resulta especialmente preocupante en sectores que requieren una coordinación efectiva entre el sector público y el privado para identificar sus principales limitaciones y diseñar soluciones adecuadas. Por ejemplo, en el marco del subgrupo de impulso a la industria farmacéutica, entre octubre de 2025 y febrero de 2026 no se dieron reuniones con el sector involucrado (salud), pese a que existen iniciativas pendientes de impulso, como lo es la actualización del Reglamento para el Registro, Control y Vigilancia de Productos Farmacéuticos, Dispositivos Médicos y Productos Sanitarios (aprobado por el Decreto Supremo 016-2011-SA). 

Esta modificatoria es indispensable, pues permitirá definir qué países son de alta vigilancia sanitaria (para permitir el ingreso fácil y seguro de productos de países cuyos respectivos marcos regulatorios garantizan su calidad) y se podrá impulsar el inserto electrónico, que facilita la accesibilidad frente al inserto físico (que es el papel que acompaña a los medicamentos y que, por su propia naturaleza, puede extraviarse). 

Además, en el referido subgrupo, también está pendiente evaluar los cuellos de botella que impiden el desarrollo del sector de suplementos nutricionales y productos dietéticos. Actualmente, en función al tipo de producto, se debe registrar ante la Digemid o la Digesa, cuando en realidad, dada la naturaleza común, el registro debería estar a cargo de una sola autoridad, lo que garantiza predictibilidad, criterios únicos y celeridad. 

Por ello, las mesas ejecutivas deben ser fortalecidas, de modo que se garantice continuidad en las sesiones, evaluar los resultados obtenidos durante estos once años de funcionamiento y que no se desactiven. En esa misma línea, este mecanismo debería pasar de ser una estrategia de gestión a formar parte de manera institucional del MEF. Así se aseguraría que los acuerdos alcanzados sean asumidos y cumplidos por todos los actores involucrados, además de permitir que las soluciones identificadas se implementen efectivamente y contribuyan a mejorar la competitividad y el desarrollo de los sectores productivos.

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